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Grasas buenas y malas: ¡conoce la diferencia!

AUTOR: Vicente Ruiz Sevilla

A menudo oímos hablar de estos dos tipos de grasas, pero ¿cómo diferenciarlas y sobre todo en qué alimentos las encontramos? ¡Te damos todas las respuestas!

Las grasas (o lípidos) son esenciales para el buen funcionamiento del organismo, al mismo nivel que las proteínas y los glúcidos. Intervienen de hecho en numerosos procesos, especialmente en:

  • la formación de las células, y más precisamente de sus membranas,
  • el desarrollo del sistema nervioso,
  • la fabricación de ciertas hormonas,
  • el transporte de algunas vitaminas, como la vitamina A, la vitamina E, la vitamina D, la vitamina K,
  • el proceso de digestión,
  • la coagulación de la sangre...

Por lo tanto, ¡no se trata de eliminar todas las grasas de tu alimentación con la excusa de que por ejemplo se quiera perder peso! Lo más importante es aprender bien a elegirlas, particularmente haciendo la diferencia entre las grasas buenas y malas.

Existen dos tipos de grasas. La diferencia entre las grasas buenas y malas obedece a la fórmula química de sus pequeños componentes: los ácidos grasos. De este modo, las grasas malas son más resistentes a la degradación y son generalmente sólidas a temperatura ambiente. En cuanto a las grasas buenas, se degradan más fácilmente, y se presentan de forma líquida.

Las grasas malas están compuestas por ácidos grasos saturados. Consumidas en exceso, tienen por consecuencia aumentar el sistema del colesterol y los riesgos de enfermedades cardiovasculares. Encontramos las grasas malas esencialmente en productos de origen animal como la carne, la charcutería, los productos lácteos (queso, mantequilla...) pero también en el chocolate, los pasteles...

Hay que prestar también especial atención a los ácidos grasos llamados »trans« que son el resultado de la transformación de algunos ácidos grasos (sobre la base de las grasas buenas) durante la fabricación de productos de la industria agroalimentaria. Los encontramos en numerosos platos precocinados, en la bollería industrial, etc. Estos ácidos grasos trans son nefastos para la salud ya que hacen aumentar la tasa de colesterol y por lo tanto el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Son igualmente sospechosos de favorecer la aparición de ciertos cánceres.

Contrariamente a las grasas malas, las grasas buenas no hacen aumentar la tasa de colesterol. Ejercen una acción protectora en el sistema cardiovascular dando fluidez a la sangre, mejorando la resistencia de las arterias e incluso haciendo bajar la tasa de colesterol malo (aumentando el bueno).

Entre las grasas buenas, se encuentran los ácidos grasos monoinsaturados y los ácidos grasos poliinsaturados.

En los poliinsaturados, se encuentran especialmente los ácidos grasos llamados »esenciales« (puesto que no pueden ser producidos por el organismo), divididos ellos mismos en omega 3, omega 6 y omega 9.

Los alimentos más ricos en grasas buenas son los pescados grasos, algunos aceites vegetales (colza, nuez, oliva...), los frutos oleaginosos, algunas verduras verdes... Como existen varios tipos de grasas buenas, es importante variar al máximo tus fuentes de lípidos, comiendo variado y equilibrado. Por ejemplo, se puede tomar la costumbre de alternar aceites, con el fin de beneficiarse de las ventajas particulares de cada uno de ellos: el aceite de colza para el omega 3, el aceite de oliva para el omega 9, el aceite de nuez para el omega 6...



LOS FRENCH DOCTORS

Jean-Michel Cohen
es el creador de la Dieta Bon Appétit, el programa de coaching interactivo para adelgazar, basado en la diversidad alimenticia y en el placer de comer.



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